14 Enero 10 - Luis ALEJANDRE / General y ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra
Al Qaida en el Magreb Islámico, Al Qaida Afganistán, Al Qaida Sahel... la amenaza es extensa. Lo que considerábamos como un racimo, en el que los granos de uva, perteneciendo al mismo tronco y teniendo un mismo sabor sólo se rozaban, se está convirtiendo en un extenso viñedo.
Ahora Al Qaida en la Península Arábiga (AQAP) acaba de presentarnos su último producto: joven nigeriano,de familia acomodada , graduado en el University College de Londres,entrenado en los reductos montañosos de la provincia yemení de Dhale, sortea los sistemas de seguridad europeos y norteamericanos e intenta –gracias a Dios sin conseguirlo– inmolarse volando un avión de Northwest que cubría la linea Ámsterdam-Detroit. Lo intenta precisamente el día de Navidad , una fecha mas que significativa para el mundo cristiano.
Alguien había envenenado su cerebro con mentiras y promesas, para convertirlo en «mártir». Alguien capaz de convencer, de comprometer, aunque incapaz de verificar por sí mismo la predicada gloria.
No hablamos de un joven analfabeto extraído de un hacinado campo de refugiados de Gaza, ni de un suburbio de Argel. Hablamos de un ser –por supuesto desequilibrado– del mismo calibre que los pilotos asesinos del 11-S, gentes que han estado en contacto con lo mejor de nuestras culturas, en países donde se acepta y respeta la integración con otras razas, religiones, creencias y costumbres.
Alguien le ha contagiado este odio. A diferencia del magnicidio de otras épocas, ahora es un odio a las gentes sencillas, muchas, más pobres y necesitadas que ellos, como los que limpiaban cristales de las Torres Gemelas a primeras horas de un día de septiembre en Nueva York o como los trabajadores y emigrantes que –somnolientos– se dirigían a su trabajo en los madrugadores trenes de Atocha.
¿Quién? ¿De dónde nacen estas versiones del Corán que nada tienen que ver con una religión que –precisamente– pregona la paz?
En 79 ocasiones cita el Libro la palabra «rahma» (misericordia) y sólo en cuatro cita el término «sharia» (el camino, la vía). «Soy el Profeta de la misericordia» repite reiteradamente el sagrado texto.
No sé como expresarlo. Sólo soy un ciudadano preocupado por el mundo en que vivo y en el que dejaré a mis hijos. No puedo aportar con fundamento el menor razonamiento teológico. Pero sí puedo asegurar que muchos musulmanes sufren como nosotros al leer la noticia de la frustrada «hazaña» de Umar Farouk. Sienten con nosotros los mismos miedos e incertidumbres y soportan con resignada actitud las reforzadas medidas de seguridad en todos los aeropuertos del mundo en forma de cacheos, chequeos, y «escaners».
Y muchos de ellos, por razón de nacimiento, de pasaporte o del color de su piel, sufrirán aún más.
Creo que en las madrasas y en las mezquitas, los auténticos clérigos seguidores del Profeta y sus «fatwas», deben insistir en que el suicidio, el asesinato, los secuestros y el terrorismo, no tienen nada que ver con la «sharia». El bien, la verdad y las virtudes teologales –fe, esperanza y caridad– son comunes a nuestras religiones y tan imbricadas en el Islam como en cualquier otra creencia , ya sea seguida en nombre de Alá, de Yahvé o de Dios.Y esto lo sabe la «umma», la comunidad musulmana mundial que debe reaccionar.
Lo que no puede ser es que un solo hombre ponga en jaque a toda una sociedad. Un hombre que ahora utilizará todos los resortes del Derecho para defenderse. El mismo ser que no pensaba dejar el menor resquicio a la misericordia que predica su religión, el que ya había condenado a muerte, sin juicio y sin la menor garantía procesal, a los 280 inocentes del avión de Northwest.
Momento difícil, porque tras el rastro yemení del terrorista nigeriano, aparece todo el entramado de una Al Qaida que se vale de los modernos medios de comunicación y transmisión de datos, que se expande gracias a redes sociales como «Facebook», mucho más compleja y extendida de lo que entendemos y que relaciona los movimientos talibán de Pakistán y Afganistán con las franquicias del sistema extendidas por medio mundo. Aunque operativamente muchas de sus facciones «vayan por libre», bien saben sus dirigentes que su fuerza reside en la percepción mediática de sus mensajes que intentan impregnar de un mismo sello o marca.
Ante el temporal mediático y psicológico de miedos e incertidumbres vuelve a sorprendernos gratamente el liderazgo de Obama: «Asumo toda la responsabilidad por los errores cometidos». Luego promete corregirlos a la vez que, imagino, los autores de los fallos en los servicios de inteligencia buscan trabajo. Pero reconforta ver cómo, entre tanto «políticamente correcto» y tanta mansedumbre, hay alguien con sentido de la responsabilidad capaz de reconocer la existencia en las extensas tierras yemeníes de un tercer frente, capaz de afirmar «hemos errado una vez; haré lo posible para que no ocurra una segunda».
El tercer frente yemení nos lleva a Anwar al-Awlaki. Mismo perfil que el descrito del nigeriano Farouk. Nacido en Las Cruces, en el estado norteamericano de Nuevo México, es hijo de un antiguo rector de Universidad, que también fue ministro de Agricultura en su país.Tras pasar su infancia en el Yemen regresó a EE UU para estudiar ingeniería. Allí se convirtió en imán, siendo conocido como predicador en Colorado, Virginia y San Diego, hasta que en 2002 regresó a su país. Tres de los terroristas que perpetrarían la tragedia del 11-S eran fieles seguidores suyos. También han encontrado los especialistas en inteligencia relaciones de Awlaki con Nidal Malik Hasan, el militar de Fort Hood que acribilló a trece de sus compañeros.
Yemen, la tierra ancestral del reino de Saba, la «Arabia feliz» del siglo XIX , la tierra del buen café moka, está situada en una zona de gran interés estratégico. Aunque no repercuta aún en su renta per cápita, tiene un potencial energético importante. De extensión algo mayor que España, es país de desierto, pero también de montañas superiores a los 3.500 metros. La unificación en 1990 entre un Yemen del Sur República Democrática Popular, de corte marxista, y el Yemen del Norte, de más influencia occidental, tarda en cicatrizar.
Y hay un dato clave a tener en cuenta: Yemen albergó trece campos de entrenamiento para las milicias que lucharon en Afganistán contra Rusia. Allí se sembró una peligrosísima semilla, que ahora podemos pagar con sangre.
No se han equivocado sólo en el vuelo de Northwest los servicios de inteligenciaTags: alejandre, sintes, menorca